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Debido a la enorme cantidad de caras que tiene la pobreza, incluyendo a los personajes andrajosos que cuidan autos, los puentes del rio mapocho y hasta los comerciales del hogar de Cristo para navidad con un niño paseandose observando todo lo que nunca podrá tener, la pobreza todavía es un concepto dificil de definir. Todavia se discuten los factores que influyen en su desarrollo y mientras la discusión en torno a la ficha CAS se encuentra en su mejor momento, para muchos la medición de este monstruo de mil cabezas es todavía un gran desafío.
Me pregunto que pasaría si un sistema de medición se desarrollará en base a lo que observamos diariamente en la ciudad y especificamente en su fruto de deseo más concreto: el suelo. Las evidencias más tangibles de las desigualdades sociales se encuentran en la ciudad, desde los condominios cerrados con fortalezas y cocodrillos en peñalolen, las canchas de tierra, hasta los terrenos perifericos donde los postulantes a los programas habitacionales llegan a recibir sus nuevas viviendas.
Hoy en día cuando las ciudades se convierten en el principal habitat de la humanidad vivir en la periferia, a más de dos horas en transantiago de los servicios, de las redes y la vida de la ciudad es la condena a la pobreza absoluta, tal como dice Carter “a la unica muerte total, la ausencia de conexión.”