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La maleducada ciudad industrial y por qué algunas ciudades todavía no aprenden
Abril 6, 2008, 5:04 am
Archivado en: Intervenciones, malformaciones

La ciudad industrial puede ser considerada la oveja negra del urbanismo del siglo XX. Desde los textos escolares de quinto básico hasta los ensayos de Engels, la historia se ha dedicado a construir una de las peores reputaciones. Rebelde, viciosa y enferma, los registros disponibles describen el destino de una ciudad que vendió hasta su cuerpo en pos del progreso;  albergó a millones de hombres en sus aglomeraciones habitacionales, creció desmedidamente extendiendo sus arterias colapsadas cubriendo los campos de asfalto, gritó histérica, contaminando con sus chillidos  y respiró hasta la muerte las emisiones de la modernidad. A más de un siglo de historia, construcción y teoría urbana, vale la pena preguntarse por qué algunas ciudades  jamás aprendieron o más bien cómo superar la malaeducación.

Frente a un caso tan abrumador, muchos se esforzaron en corregir al mounstruo. En Europa la critica a la ciudad industrial da paso a modelos tales como la Ciudad Jardín de Howard y en Estados Unidos a la inserción de grandes áreas verdes, más conocidas con posterioridad como Parques Urbanos. Muchas de estas áreas, desarrolladas incluso como cementerios para dar paso a una mayor rentabilidad del suelo (es Estados Unidos despúes de todo), permitieron entregar espacios de recreación que de paso dan inicio a la práctica de la arquitectura del paisaje. Todos modelos totalizantes, grandes intervenciones que incluso a través de tabula rasa, intentaron abrirse paso en la ciudad.

A través del tiempo, en muchas ciudades herederas de la ciudad industrial y revisando incluso los casos locales es posible observar que los grandes proyectos urbanos encontraron en la condición de megaproyecto su peor punto en contra. Las voluntades políticas y los gobiernos de turno comienzan a alterar los plazos y las múltiples revisiones por las que pasa un proyecto de gran inversión hoy en día  gatillan alteraciones capaces de producir hasta en el mejor de los mega proyectos la muerte súbita.

Otras veces el proyecto urbano logra abrirse paso a las burocracias del sistema público y se implanta majestuoso en medio de la ciudad y por consiguiente en medio de las condiciones de vida de los habitantes. Sin embargo, al no ver estos reflejados sus intereses, rechazan con toda la fuerza inmunologica de la ciudad industrial, al órgano incompatible.

Estas dos condiciones,  escala  y  participación   empoderamiento pueden ser considerados los elementos claves de las intervenciones urbanas en la actualidad. Al trabajar en menor escala, se obtiene una mayor   acción ciudadana y por consiguiente una horizontalidad en la toma de decisiones que pone al ciudadano como actor principal en la reforma de la ciudad. Ya sea a través de pinchazos estrátegicos de acupuntura urbana como los que describe Lerner o sistemas de incorporación activa de los actores locales como en el DIY Urbanism descrito por  Sennet, quizás sea el ciudadano el principal actor en la corrección de los malos hábitos de la peor de las ciudades.

 


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